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Las Granadas en Navidad

LAS-GRANADAS-DE-NAVIDAD

Instrucciones: busque las granadas en el mercado; las encontrará a partir de septiembre. Selecciónelas por su color rojo vivo. Sopéselas: las más jugosas pesan más. Luego prepárese para comerlas: Inhale profundamente, meditando el acto a realizar. Escoja una granada cuya corona ya empiece a rajarse -éstas son las maduras y más sabrosas. Acaricie su piel, sienta su textura. Vea las interesantes formas dentro del orificio de su corona: son los pistilos, vestigios de la flor que fue. Ahora inspire profundamente… ya preparado, coloque los dos pulgares sobre la panza de la fruta y los índices por detrás. Presione y escúchela crujir dulcemente, con una especie de lujurioso quejido que escapará de ella cuando usted gire sus manos y haga que  la granada se raje por mitad casi perfecta y salten sus primeros granos. Haga toda esta operación sobre un plato blanco. Los colores son muy importantes para el disfrute estético y gastronómico, y el rojo carmesí de los granos de la granada debe ser observado sobre la pureza del blanco, preferiblemente en porcelana. Huélala. Ya abierta la fruta vea su interior con detenimiento: hay varias secciones. En algunas estarán los granos ansiosos de saltar a su boca, a ésos complázcalos de inmediato y mastíquelos suavemente al principio, para gozar sólo de su dulcísimo jugo; después continúe con decisión hasta llegar a la fibra que sabe un poco a nuez. En otras secciones notará usted una finísima y translúcida película sosteniendo aún los granos. No se apresure a quitarla, antes deténgase y piense bien en lo que está haciendo al desvestir a esta fruta y, ya conociendo lo sabrosa que es, dese tiempo para darle gracias a Dios por crear algo tan exquisito, tan bello… tan interesante. Proceda pues a quitar las cutículas y muerda usted con decisión. Si el jugo se llega a derramar por su mentón hasta llegarle al cuello, tanto mejor (aunque dicen que mancha la ropa permanentemente, así que si esto le importa quizá deba comer la granada sin camisa, así la disfrutará todavía más).

He querido proporcionar al lector estas instrucciones para comer granadas a modo de explicar todo lo que sentí y quise hacer sentir a lo largo del proceso de la pintura que muestro con este cuento. Desde que escogí la granada y la puse en posición para dibujarla, todo ha sido fantástico. La pintura tiene sus límites de modo que además de pintarla escribí las sensaciones; quería estar seguro de que me entendieran. Hay aspectos inspiradores difíciles de entender a menos que se vivan. En especial el sonido: ese sensual crujir de la granada al abrirse.

La dulzura de estas granadas no terminó para mí después de comerlas, ni aún después de pintarlas. Se prolongó tres semanas, mientras se expuso en en un elegante lugar de las calles de Guadalupe Sánchez, en Puerto Vallarta. A la luz de las velas, acompañadas de buena música, comensales distinguidos compartiendo el disfrute. Así estuvieron mis Granadas, durante la temporada adviento. Finalmente, alguien las compró sin chistar el precio. La compradora gozará con su familia de esos tonos rojos tan apropiados para la temporada navideña, mientras yo las recordaré con esta foto que comparto con ustedes. Culminó mi gozo con una buena entrada monetaria que, en vísperas de Navidad, significa una gran bendición. ¡Feliz Navidad a todos! y que Dios los prospere en este año próximo a comenzar.

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